martes, 28 de junio de 2011

Me gustan las ciudades con ruido, grandes, quizás porque nací en una ciudad pequeña, me gusta el ruido en la noche, fumarme un cigarrillo y dejar la ventana abierta, no ruido de conversaciones, ruido de coches, de rutinas, de humo, el claxon, el motor de los buses, la policía, y los sueños que al romperse hacen mucho mas ruido.

En este momento de mi vida, intento comprender una ruptura y los cambios que hicieron en mi esa sucesión de momentos dolorosos, intento comprender en que momento me perdí y porque aun no me encuentro, en algún libro leí que las mujeres solo sufrimos por amor o por la perdida de un hijo, el segundo dolor ha de ser mas desgarrador sin tanta poesía y mas vacío.

Comprendo este proceso, he tenido otros parecidos, m gusta estar sola pero donde haya ruido y gente cerca, entiendo que hay días que me levanto de un pésimo humor otros donde quiero salir y otros donde mi sexo tiene sed, pero en este momento liarme con alguien por sexo puede salir contraproducente, nunca sabes en que gemido se te escapa el corazón.

El proceso de las rupturas es interesante, supongo que a cada una nos da de un forma diferente sin embargo termina siendo el mismo proceso. A mi, por ejemplo, me da por meterme en líos, esta vez me ha dado por pensarmelo dos veces y dejarlo un poco al azar.

Tengo una invitación de esas moralmente incorrectas para los días próximos, pero aun no me decido, a pesar de ser un hombre que me encanta y la situación tan peligrosa que se vuelve fascinante. Sin embargo últimamente el miedo a que se me regresen las acciones se ha instalado en mi mesita de noche, es decir pensar en el karma es como apostarle al futuro, no hacer cosas malas y en el futuro se t regresaran cosas buenas; sin embargo jamas le he apostado al futuro, siempre al presente, al instante al mas puro estilo epicureista.

Si tuviese que elegir un elemento, elegiría el caos, me gusta el caos sentimental, se explota y se disfruta, salen tremendas reflexiones y no tengo mejor inspiración que ello, a veces cansa es verdad, pero la tranquilidad me resulta tan vacía, inclusive la que trae la plenitud.

El proceso de ruptura me trajo esta vez un vestido de suicida incandescente, todos alguna vez nos hemos vestido de suicidas, fuera de los años problemáticos obligados, pienso que todos nos lo ponemos de vez en cuando, pero es tan sencillo que me resulta aburrido, inclusive con todo y esta incapacidad para llorar esta vez, me duele y es casi tangible pero no consigo llorar, Quiero llorar, como Girondo, a lagrima viva…

No puedo, me quedo como en espasmo, como esperando, he conseguido sacarme 3 lagrimas casi fingiendo y no más, quise también despistar al corazón con una ilusión a distancia y también ha fallado, por ella tampoco he llorado, de saber que lo extrañaría para platicar, tampoco me hubiese deshecho de esa ilusión, y es que cuando quiero puedo ser tan tonta y obstinada, cuando puedo.

Creo que le regalé mi ultima confianza.

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